Me enseñaste que debía ser fuerte.
Me enseñaste a no mostrar mi debilidad.
Me enseñaste a ser el soporte de los demás.
A no enfadarme por nada, a poner buena cara ante la adversidad, a disculpar hasta el infinito a los amigos.
Y eres bueno en ello. Puedo estar hirviendo de rabia por dentro y sonreir muy amablemente.
Eso si, si con esto esperabas que fuera feliz estabas muy equivocado. Ha llegado el punto que por no discutir dejo de hacer las cosas que quiero, o de quererlas y al final no se qué queda de mi.
Un caos has conseguido
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