Estas vacaciones una amiga me preguntaba (o recriminaba) que cómo se me había ocurrido ir a la manifestación de la huelga general. Si ahí hay follón siempre. Bueno, entre otras cosas porque no creo que deba dejar que el miedo me paralice, porque creo que hay que luchar, lo veo algo así como un deber de ciudadano. Si algo va mal protestas para defender tus derechos. Los que están arriba juegan mucho con eso, con el miedo. Por eso endurecen las penas por resistencia pacífica, para asustarnos un poco más.
La verdad es que el día de la manifestación no se me ocurrió que fuera a pasar nada. Era un día bonito, con mucho sol y había mucha gente en la plaza de la que salía la manifestación. Gente mayor, abuelas, algún padre con sus hijos, gente joven y todos para protestar contra la reforma laboral que empeoraba las condiciones del trabajador. Nosotros nos quedamos bastante atrás, íbamos entre gente mayor, a nuestro lado no había jóvenes radicales ni nadie que hiciese el vándalo..
Cuando ya estábamos cerca de plaza Cataluña empezamos a ver humo. Entre los que estábamos allí empezamos a comentar que sería algún gilipollas que había quemado algo. Nos dimos cuenta de nuestro error pronto. Más o menos cuando empezó a quemarnos la garganta y picarnos la nariz. Avanzamos un poco más. Poco más porque la policía estaba lanzando botes de humo realmente cerca de donde nos encontrábamos. Ni siquiera entendíamos por qué, no había habido disturbios. Solo intentaban que nos dispersásemos y no llegásemos a Cataluña. A nuestro lado una señora mayor quería seguir avanzando y una chica joven le convencía de que se diera la vuelta porque la policía iba a cargar. Creo que esto fue lo que más me impresionó.
Nosotros estábamos asustados. Decidimos ir por una calle lateral para intentar alejarnos del humo y de la policía (si, a esas alturas aunque no había hecho nada la policía ya me daba miedo ¡Qué ironía que precisamente tenga que tener miedo de quien debe protegerme!). Allí vimos el primer incidente. No llegamos a ver si el contenedor estaba ya volcado o lo acababan de volcar. Un hombre (unos 35 años) con muy mal aspecto, al que no acompañaba nadie se acercó y le prendió fuego a los restos que salían del contenedor. Inmediatamente un par de chicas jóvenes se encararon con el.
"Gilipollas, que por tu culpa nos van a pegar a todos"Lo apartaron a empujones y el tío se alejó, sin más, sin decir nada. La gente que había alrededor apagó el contenedor y aplaudió a las chicas. Nosotros por si las moscas volvimos a casa.
Soy una inconsciente y como he dicho no pensé que fuera a pasar nada. Ahora, que he aprendido algo, seguiría saliendo a manifestarme aunque exista la posibilidad de que me peguen o incluso que me maten como ha pasado en el País Vasco con una pelota de goma. Sería fácil dejarse vencer por el miedo a la represión. Podríamos quedarnos en casa pero entonces habrían ganado.
Y cada vez parece que tenemos más que perder.
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