Hoy que todo se rompe me quedo con Murakami para pasar la noche.
Se rompe con aplausos ante un discurso en el que se decía como iba a empeorar la vida de todos los españoles. También con una manifestación de la que no he querido ver imágenes porque ya me duele pensar que hay ciudadanos policías agrediendo a otros ciudadanos que están luchando por el pan de sus hijos. Es como una mini-guerra civil, de hermano contra hermano que romperá muchas cosas. Entre ellas la imagen de la policía que no será vista como guardian de la ley por muchos sino como defensora de los poderosos.
Hoy quiero llorar, debe ser que soy patriota y algo me importa mi país.
Vuelvo a Barcelona. Es un asco porque odio la ciudad (pobre, no me ha hecho nada, es bonita) y estoy muy incómoda allí. No consigo estar bien un solo día, la humedad me destroza, algo en el aire me hace estar más enferma y me paso la vida melancólica y triste. Es más, ultimamente pienso mucho en morir allí, terminar con todo aunque suene dramático porque no aguanto con todo esto.
Hoy se rompen muchas cosas porque cuando me vaya quiero despedirme, por si realmente no vuelvo pero no consigo que algunas personas se tomen en serio la despedida (y claro, no les puedo decir: eh, que planeo suicidarme, deberíamos quedar y vernos porque no os voy a ver más).
Así que he pasado el día con ganas de llorar, recordando las primeras páginas del libro de Murakami que estoy leyendo. Describe a una chica escuchando música en un coche insonorizado, una pieza de música clásica. No me cuesta imaginarme alli.
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