-¡¿Nunca te has metido en una piscina de bolas?! Tu no has tenido infancia- Le decía Jaime para pincharla
- Da igual, todavía puedo...- Se quejó, un poco triste porque él era más joven que ella y no podía entender que no había entrado en ninguna simplemente porque no las había
Pasaron los meses y ella ya no recordaba esa conversación. Era su cumpleaños, entraba por fin en la treintena sin ganas de celebrarlo ni salir de casa. Se pasó la mañana contestando a la gente que la felicitaba por facebook y hablando por teléfono con amigos que la llamaban para desearle un buen cumpleaños. Sus planes eran quedarse en casa, leer algo o ver alguna peli. No había nada que celebrar.
Por la tarde sonó el teléfono, era Jaime.
- Hey, ¿tienes algún plan para hoy?-
-No... voy a ver una peli-
- Pues baja, te llevo a un sitio-
Y se dejó llevar. Fueron juntos a un centro comercial, a una sala de juegos. Había de todo, bolera, billares, videojuegos... y piscinas de bolas. El la cogió del brazo y le guió hacia una de ellas. Estaba vacía, solo para ellos. Pasaron la tarde riendo y jugando en la piscina.
Años más tarde Jaime solo recordaría de aquella tarde el brillo en los ojos y la sonrisa de su amiga.
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