domingo, 12 de febrero de 2012

La musa

Él pasa sus horas libres enganchado a su cuaderno, dibujando. Busca su musa. Dibuja ojos, manos, bocas y miles de cuerpos. Todo el tiempo tratando de encontrar esa perfección. No importa cuanto lo intente. El resultado nunca le satisface. No consigue llegar a mostrar lo que tiene en la cabeza. Nunca ha encontrado ninguna modelo real que se parezca a la que ha creado en su cabeza. La inocencia y la pasión reunidas en una sola mujer. Una mujer a la que fotografiar, dibujar, desnudar y contemplar horas. Todas las que dibuja, todas las que conoce parecen sombras pálidas en comparación con la que vive dentro de su cabeza.
Una tarde en el metro mientras pasea su mirada por la gente que hay en el vagón la ve. Está sentada en la fila de asientos más alejada de él. Una chica de unos 19 años, piel blanca y delicada, manos pequeñas con dedos largos y delgados, labios rojos y ojos oscuros. Le está mirando fijamente a él, como si supiera todo acerca de sus sueños. Encarna todos sus deseos. Desde su asiento ella le sonríe. Esa sonrisa es una invitación.
Él no llega a moverse. La contempla desde su asiento, boquiabierto por haber encontrado algo que solo vivía en sus fantasías. Quiere levantarse y decirle algo, quiere llevarla a su casa, quiere no separarse más de ella pero duda.... y esa duda la aparta de él para siempre. En la siguiente estación ella se baja. La ve marcharse pero cuando se rompe el hechizo y quiere salir para buscarla ella se ha perdido entre la multitud.
Desde entonces ya no mira a otras, se limita a dibujarla una y otra vez esperando volverla a encontrar.

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