martes, 18 de octubre de 2011

Hécate

Hace un tiempo todo era más fácil. Las tenía a ellas. Al principio le preocupó mucho tener las voces en su cabeza. Pensó que se estaba volviendo loca. Eran dos voces además de la que podía reconocer cómo ella suya. Poco a poco se fue acostumbrando. Las voces la aconsejaban bien. Una de ellas era una mujer adulta, fría y egoista que miraba más bien solo por su interés. La otra era una niña, idealista, enamoradiza que le decía que tenía que mirar por los demás y no por ella misma. Se las imaginaba como copias de si misma. La adulta era ella con alguna arruga que otra, un buen traje, vestida formalmente y de mirada dura e implacable. La niña vestía de negro, tenía una mirada dulce en los ojos marrones y un aura de melancolía.
Ahora ya no las veía como entes separados. Todas eran su propia voz, como si se hubieran fusionado pero sin decidir realmente quien de todas era ella.
Y como pasa siempre que la gente habla a la vez era incapaz de escuchar el consejo que tenía que seguir.

No hay comentarios:

Publicar un comentario