viernes, 2 de septiembre de 2011

La hechicera

Se desnudo delante del espejo del baño, mirando con calma cada centimetro de su piel. A pesar de la falta de marcas todo el cuerpo le dolía terriblemente. Se palpó con cuidado los pechos y los hombros, sintiendo pequeñas punzadas de dolor. Por último se giró para mirarse la espalda. En la blanca piel de la espalda había señales rojas de arañazos pero al menos esas no dolían.
Terminado el examen se metió en la ducha. Abrió el grifo del agua caliente solo y fue mojandose poco a poco para acostumbrarse a la temperatura. Dejó que el agua llegara a su vientre antes de atreverse a tocar su sexo. A pesar del cuidado que tuvo, de la suavidad soltó un respingo por el dolor. Se metió entera debajo del agua y solo entonces empezó a llorar. La noche anterior había llorado también pero por la humillación y el fracaso. Quería  acostado con el, le deseaba pero su cuerpo...su cuerpo le había rechazarlo. Cuando no pudo aguantar mas el dolor le pidió que parase y se tumbaron los dos: el intentando ser comprensivo y ella odiandose asi misma. Ahora era diferente. Lloraba al unico hombre con el que podía hacer el amor, lloraba porque la había abandonado, porque había sido egoista y porque nunca mas tendrían la oportunidad. Porque aunque el volviese ella nunca podría perdonarle y porque su cuerpo reconocía a la única persona de la que había estado enamorada así que nunca podría volver a tener sexo con alguien. Siguió llorando mientras se lavaba el pelo.
Una vez terminado el proceso se quedó debajo de la ducha. Concentró todo el dolor físico y espiritual en la parte mas alta de su cabeza y dejó que el chorro del agua caliente le diera justo de lleno. Sintió como el dolor intentaba agarrarse pero el agua lo empujaba. Podía sentirlo bajando por su pecho junto con el agua. También podía visualizarlo, como una sombra negra que se agarraba a su cuello, a su pecho pero que resbalaba con el efecto del agua.No cortó el grifo hasta que no estuvo segura de que se había ido para siempre.
Salió de la ducha sintiendose un poco menos triste, o sintiendo la tristeza mas lejana. Se palpó otra vez las zonas doloridas de su cuerpo, seguían doliendo pero desde luego el dolor era mucho mas tenue. Era un tipo de magia muy débil pero funcionaba bien. Pocos sospechaban que no hacía falta bañarse en agua de mar o de rio para purificar el cuerpo. Tampoco sabían que no era necesario hacerlo en la noche de San Juan. Eso estaba bien cuando no había bañeras ni conciencia de una higiene diaria. Ahora solo bastaba el agua corriente de la ducha y suficiente capacidad de concentración para sanar cuerpo y alma. Y ella, que toda su vida había estado relacionada con el agua lo tenía muy fácil. El agua era su elemento y ya solo por estar en contacto con ella se sentía mejor.
Al menos hoy se iría a la cama un poco mejor.

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