sábado, 18 de agosto de 2012

Historias de Teldrasil


Raras son las veces que mis sueños tienen coherencia. Suelen ser historias extrañas que mezclan cosas de mi vida con otras historias de lo más disparatadas, pero hay veces en los que quitando algunos detalles sueño con historias casi completas que no son del todo una locura.

Esta noche ha sido así. Después de jugar al WoW media hora antes de irme a la cama he soñado con mi personaje. Me he despertado alguna vez y he conseguido seguir soñando la misma historia. Aquí va el sueño. 

No me gustan las ciudades humanas. Son sucias, ruidosas y huelen mal. Además...no se si por mi condición de elfa o por ser druida noto lo que los humanos le hacen a la tierra. Son incapaces de vivir en ella en armonía. Noto el sufrimiento de la tierra horadada para extraer de ella las piedras que han usado para hacer el camino que piso y el dolor de los árboles talados. 

Estoy aquí por mi compañera, una chamán Draenei s que vino a nuestra tierra a ayudar a los druidas. Sus misiones la han traido a estas tierras y he venido a ayudarla en lo que necesite. Precisamente hoy estamos en la ciudad sin hacer nada así que he decidido salir a buscar algunas plantas. Con ellas haré pociones y las venderé por aqui. No me dan mucho dinero pero tampoco me importa, mejoro mis habilidades y además ayudo a la gente. Cuando vuelvo a la ciudad me encuentro con un grupo de humanos. Me llaman enseguida la atención porque pese al calor van cubiertos con capas y capuchas, todas ellas grises. Uno de ellos, un humano de piel oscura que me resulta extrañamente atractivo, me pregunta por una dirección. Les guío hasta el sitio y me despido de ellos.

No ha pasado mucho tiempo cuando comienza el ataque a la ciudad. Corro a reunirme con mi compañera, la cojo de la mano y tiro de ella hacia el castillo. Detrás de nosotras un hombre grita: ¡Esto es la guerra, si os rendís y nos dejais coger lo que queremos no habrá víctimas!. La gente sigue corriendo espantada en todas las direcciones. La guardia humana de la ciudad, que en estos momentos es escasa sale a defender el castillo. Con solo un vistazo hacia atrás me doy cuenta de que están ampliamente superados en número. Me sorprende ver que los atacantes son mayoritariamente humanos, aunque hay algún no-muerto. 

Subimos las escaleras del castillo hasta la última planta y nos escondemos en la biblioteca. Al principio es un buen escondite, no hay nadie más y podemos ocultarnos tras una pila de libros caidos. Sin embargo más gente ha tenido la misma idea. Pronto un grupo de ancianos y niños se une a nosotras haciendo ruido por más que les pedimos que guarden silencio. 

Los atacantes abren la puerta de la biblioteca. Nos miran a los que estamos allí reunidos, los únicos que pueden mostrar algo de resistencia somos mi compañera y yo. En vez de atacarnos nos miran y nos dicen: - Solo queremos unos libros, quedaros quietas y nadie saldrá herido. Acto seguido los dos que iban más armados se  van y dejan allí a unos muchachos humanos que van recogiendo los libros. Salgo de mi parálisis y me lanzo hacia uno de ellos, no pretendo matarle, solo le arrebato los libros que tiene en las manos y los aprieto contra mi pecho. Cuando se está dirigiendo hacia mi suena un cuerno y salen corriendo. 

Han llegado más defensores y ahora los atacantes luchan para escapar. Protegen a los chicos que llevan los libros. Nosotros seguimos arriba, recuperándonos del susto cuando un muchacho entra en la biblioteca. Lleva la misma ropa que los atacantes, mira a todos los presentes, me coje los libros que tenía en la mano y sale corriendo hacia el balcón. Le persigo y no me cuesta darle alcance. Es un crio, debe tener unos 17 años, rubio con la piel muy blanca. Me mira horrorizado, está atrapado. Ha atado una cuerda para bajar por el balcón hasta la calle pero tiembla tanto que temo que se caerá. Vuelvo a quitarle los libros que tiene en la mano. Mi compañera aparece por detrás y el chico hace un gesto para ir a coger la cuerda. Le agarro de las manos que le tiemblan violentamente -Espera ¿vale? No te haremos daño, si bajas ahora que estás temblando te caerás. A luchado al principio por soltarse de mis manos pero según me va escuchando se calma, deja de temblar un poco y me devuelve el apretón. 

Me mira a los ojos y me dice - Ven conmigo, te explicaré, salta-. Escucho a mi compañera decir que no lo haga, que me echarán de la ciudad. Por detrás la guardia está entrando. No me lo pienso, subo a la barandilla y me dejo caer. Me quedo un momento en el suelo, aturdida por el golpe. El muchacho se ha deslizado por la cuerda y me mira un momento para que le siga antes de salir corriendo.

Me transformo en pantera para poder alcanzarlo y nos reunimos fuera de la ciudad. Me mira un poco asustado todavía y se tumba en el suelo. Empieza a contarme su historia, sus piernas empezaron a fallar, como si se estuvieran muriendo. Pronto aparecieron en la granja de sus padres unos hombres de la secta que nos había atacado. Si se unía a ellos salvaría las piernas. Él aceptó y acabó metido en esto, cosa que no le gustaba demasiado. 

Le pedí que me enseñara sus piernas. Efectivamente estaban más oscuras que el resto del cuerpo, un poco azuladas. Parecían piernas de no-muerto. Me transformo en elfa otra vez y me pongo de pie. - Déjame intentar curarte-. Invoco el poder de la tierra para que devuelva la vida a sus piernas muertas....

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